viernes 26 de marzo de 2010

Yo. Virgo.

Capitulo I

No pretendo hablar aquí de la parte del calendario que le corresponde a Virgo, tampoco de escuetos horóscopos, solo por preguntarme siempre ¿Cómo se hace para vivir creyendo que el destino tiene doce posibilidades?

En fin, pasemos a lo nuestro, mas bien, a lo mío.
El tema hoy es la virginidad y siguiendo la misma lógica, mas bien, la mía.
Recuerdo cuanta perturbación me había provocado querer perderla, hecho sustancial e inevitable para todo ejemplar de la especie humana que transite el proceso biológico y emocional de la edad del pavo.
Se había forjado en mi mente un concepto sobre ella.
La perdida de la virginidad seria recibir aquel estatuto tan deseado, el de hombre. El de completud.
Pasado el tiempo entre la formación de este concepto y la concreción de la perdida pude notar ciertas cosas que por efectos consecuentes me hicieron reformular el concepto de virginidad.

Capitulo II

Recuerdo la mañana siguiente al suceso. Me levante. Pise diferente. Infle mi pecho y fui con aires de canchero hasta las intimidades de mi baño.
Me mire en el espejo. Creí no ver al mismo pibe de la mañana precedente. Ya no era el mismo. “El yo era otro”.

Capitulo III

La mañana se continuaba y la hora de almuerzo había llegado.
Recuerdo haberme sentando en la mesa aquella vez con un semblante diferente al de todos mis almuerzos.
Lo miraba a mi hermano, al que de una vez por todas había igualado. Mi pensamiento expresaba lo siguiente: Jejejej ¿Qué tul?
El me miro fijo y me dijo; pásame la sal.
Lo miraba a mi padre, al que de una vez por todas había igualado. Mi pensamiento expresaba lo siguiente: Je jeje, ¿Y? ¿Qué me conturci?
El miro fijo y me dijo; ¿me pasas la soda Quequito?
La miraba a mi madre, a la que de una vez por todas pude decirle con mi mente, ya no soy tu bebe.
Ella me miro y me dijo: ¿Por qué no comes Ezequiel?
Mi hermana ya no estaba en la mesa. Ella siempre terminaba primero por aquellos tiempos. Ganando así el derecho no solo al control remoto, si no también al sofá en el aquel momento televisivo; inolvidable; pos almuerzo; en el que recuerdo a toda mi familia junta.
Así paso el almuerzo.

Luego decidí salir a caminar, a festejar en una soledad dulcificante mi preciado triunfo.
Entonces creí también que ese mundo que camine en aquella siesta apasionada de los pueblos, también me miraba diferente.
Así paso la siesta.

Así pasaron algunos días con esta sensación a cuestas.

Pero el tiempo siguió sucediendo y entonces comencé a darme cuenta.
Los accidentes en mi bicicleta me dejaban los mismos raspones que en tiempos antaños al suceso.
Las caras me miraban como siempre. Nada había cambiado
Mis poemas seguían siendo tristes.
Las mujeres seguían siendo esa rara mezcla de atracción y miedo que en tantas ocasiones nos generan. El miedo seguía a pesar de todo.
Mis padres siguieron aconsejándome con respecto a muchísimas cosas. Los escuchaba atentamente. Seguía aprendiendo.
Yo seguía siendo un niño para mis padres y mi mundo. Aunque el suceso, por cierto tiempo, mi hizo vivir creyéndome hombre.


Capitulo IV.

El futbol siguió siendo la diversión.
Mis padres el refugio.
La escuela la educación.
Los amigos mi razón,
El amor, lo que no se entiende,
El mundo, siguió siendo mundo,
A pesar de mi…

Capitulo V

Comencé a dudar. A pensar. Nuevamente a reformular.
Yo conservaba todas mis confusiones precedentes al suceso.
Todavía no era libre.
No había circularidad. No estaba completo.
Entonces había llegado el día determinado.
Entonces nuevamente acepte mi virginidad.
No acepte creerme hombre solo por haber conocido las fauces de capuchones Fisiológicos.
La virginidad estaba en mi mente.
En mi alma.
En mi entendimiento.
En mi intelecto.

Capitulo VI

Entonces yo me puse el ideal de hombre.
Me jure no creerme tal solo por concreción Biológica.
Aun debía aprender mucho.
Perder la virginidad de mi mente.
Hoy todavía trato de perderla.
Cultivándome…
Cultivándome…

martes 23 de marzo de 2010

Haciendo Patria. Carta del lector.

Mi publicación había sido ya preparada. No pretendía dejar pasar por alto nuestro penoso Aniversario.
Pero la sorpresa hoy estuvo servida.
Un correo de un añejo lector de nuestro espacio me había hecho llegar sus palabras plasmadas en un texto.
Entonces lo decidí rápidamente. Mis apreciaciones me fueron secundarias y mis ansias por esta participación que tanto aquí se reclama, quizás estaban dando frutos.
Hoy no soy yo el que escribe.
Hoy, Nicolás Silva, comparte con nosotros su hermosa reseña, Memoria funcional.
Gracias Nico, desde el Llano en Llantas

Memoria Funcional.

Unos minutos después de las 3 de la mañana. 24 de marzo de 1976. Una voz en la radio emitía el comunicado Nº 1. La destitución de Estela Martínez de Perón era un hecho. El arribo de la junta, inminente. La noche más oscura, horrenda y larga acababa de comenzar.
Corrían tiempos de inestabilidad. Una democracia endeble, inflación desmesurada, luchas armadas callejeras entre distintas corrientes paramilitares, incertidumbre social. Todo ello fue el caldo de cultivo de lo que finalmente sucedió. Este caldo de cultivo que no nació exclusivamente por generación espontánea, también fue contribuido y alimentado por los futuros poseedores del poder.
Inteligentes, esperaron el momento oportuno. La gente quería una solución y ellos se presentaron como solución a todos los conflictos. A los ojos de la sociedad, era agradable dar la bienvenida a la orden militar. No hubiesen podido jamás arrancar la maquinaria sin el consentimiento expreso o tácito de gran parte de la ciudadanía. Prometían restablecer el orden, que traducido significaba cortar de raíz el problema. El carácter de la solución proyectada podía adivinarse en las metáforas empleadas por ellos - enfermedad, tumor, extirpación, cirugía mayor- que más que ello, fue una operación integral cuidadosamente planificada para jaquear el destino de la nación.
La planificación general y supervisacion táctica estuvo a cargo de los más altos niveles de conducción castrense. Se trato de una acción terrorista. Lo que se denomina “Terrorismo de Estado”, que no fue patrimonio exclusivo del nuestro, sino copiado de otros modelos existentes en el extranjero. Buscaban eliminar todo tipo de oposición a sus intereses. Eliminar en el sentido más lato de la palabra, es decir, exterminar. Una maniobra macabra a semejanza de la caza de brujas sugerida por el best seller de la edad media “Malleus Maleficarum”. “El proceso” necesitaba comenzar de cero, y para ello era menester borrar del camino a los subversivos.
Las víctimas directas estaban identificadas, las indirectas se sabe, era el pueblo argentino. La metodología utilizada fue sencilla de plasmar. Contaba de 3 etapas. La primera, el secuestro. La segunda, la tortura. Y finalmente, la ejecución. Pese a que la junta militar estableció la pena de muerte, nunca la aplico, y todas las ejecuciones fueron clandestinas. Razón por la cual la mayoría de los cadáveres se ocultaron y fueron enterrados en lugares desconocidos o arrojados al mar. De este modo nunca hubo muertos, sino “desaparecidos”. Los fundamentos de estos sucesos eran simples. Los detenidos pensaban “distinto” y andaban en “cosas raras”. Hombres y mujeres, niños, adolescentes y adultos pagaron el precio. Un verdadero genocidio, repudiable desde cualquier punto de vista.
El altar de la barbarie, el centro clandestino de detención, era el lugar donde se llevaban a las personas luego de la tortura, pero como paso previo a la ejecución. Un lugar oscuro, sombrío, del que dicen todavía hoy pueden escucharse los gritos a través de las paredes. Como si el edificio se hubiese impregnado del dolor y hoy los reproduce para que no se olvide .El lugar de la picana y el submarino. El lugar del sufrimiento en pocas palabras.
Nada más ni nada menos que 30.000 desaparecidos. ¡30.000!
Paralelamente a los hechos antes descriptos, se comenzó con una etapa económica diferente, antagónica a las anteriores. Desindustrialización. José Martínez de Hoz, el nefasto ministro de economía de la época, implanto la piedra angular que luego completaría Domingo Cavallo en los ’90. La formula no consistía en encontrar el crecimiento, porque se creía que allí anidaba el desorden, sino buscar el orden y seguridad, y que esto favorezca a la política, aun a costa del crecimiento económico.
El estado benefactor era el primer responsable del desorden social, por ende, se dejo librado todo al mercado, que parecía ser una herramienta eficaz, reguladora por si misma de las cosas (principio supremo del neoliberalismo y de sus principales exponentes de la escuela de Chicago). Para ello, se contó con la connivencia dolosa de organismos internacionales y del establishment nacional e internacional. Se congelaron sueldos, se tomo deuda pública y se abrió el mercado a productos extranjeros indiscriminadamente y esto repercutió en la industria argentina, que consecuentemente le era imposible competir, a excepción de las empresas amigas del gobierno. Por supuesto, bajo el mecanismo de la libre competencia lo único que se logra es concentración económica, que fue lo que sucedió. Entre otras, se concentro en empresas de familias que hoy en día aparecen en Tv cotidianamente. Y no solo eso, en este periodo llamativamente se estatizo la deuda de las empresas privadas, que tampoco por casualidad, sino más bien causalidad, eran las del círculo de amigos del ministro de economía. Costo que hasta la actualidad pagan todos los argentinos.
El mundial y la guerra, intentos desesperados de un gobierno impopular. Con el primero se logro el objetivo. Distraer. Con el segundo, no. Fue el principio del fin. La guerra fue otra de las expresiones de un pensamiento diabólico. Un capricho incoherente propio de un desequilibrado alcohólico.
Como dato meramente ejemplificativo escribo algunas de las medidas increíblemente tomadas por la junta militar : Abolir la Constitución Nacional, suspender los derechos de los trabajadores, intervenir los sindicatos, prohibir las huelgas, disolver el Congreso, disolver los partidos políticos, destituir la Corte Suprema de Justicia, quemar miles de libros y revistas considerados peligrosos, censurar los medios de comunicación, etc. Añadir también a estas medidas lo expuesto arriba, el desastre económico y sobre todo los crímenes de Leza humanidad cometidos por estos.
Juicio y castigo. No es mucha la retribución que se pide para tratar de aliviar las heridas que dejo este periodo. Cárcel común para represores. Hacer operativo el artículo 29 de nuestra constitución y aplicar las penas correspondientes a los infames traidores a la patria. No olvidar nunca a los caídos en Malvinas y los desaparecidos, y sobre todos a sus familiares. Seguir la lucha de las abuelas, madres e hijos. Ayudarlos en busca de la verdad. De la verdad que no es otra cosa que su identidad.
Muchos no conocen lo que realmente sucedió. Algunos repudian el proceso solo porque alguna vez escucharon que otros lo hacían. Existen también, los que enarbolan el comentario de algún familiar diciendo: “con los milicos estábamos mejor”. Lo peor no es que solo lo repiten, sino que los hacen suyos. La tarea que le incumbe a la sociedad toda es enseñar. Describir quienes fueron y lo que realmente hicieron.
¡Memoria!
La memoria es un arma poderosa. La detenta el pueblo. Hay que usarla. Si no la usamos nos condenamos nosotros mismos a repetir los errores.
Solo así se podrán hacer efectivas las palabras Nunca Más.

Nicolás Silva.

Publicado por Keke

miércoles 17 de marzo de 2010

Espacio Musical

Hoy damos comienzo a una nueva sección titulada “Espacio Musical”.
Hoy presentamos “Gato no soporta la Radiación”

video


Publicado por keke

jueves 11 de marzo de 2010

Amores Perros

Y así es la cosa. Y así es el mundo.
Hoy se pasea muchos más a los Perros y no tanto a los Abuelos.



Keke

martes 9 de marzo de 2010

Revista de Psicología.

El Abuelo
También el anciano muere y se debilita por perdida de sus roles sociales, del respeto por sus capacidades, de la posibilidad y la necesidad de ser un transmisor de cultura en la que se insertó toda su vida.

La muerte Biológica se instituye como la estocada final, se une a esta mutilación de los tiempos modernos.
El anciano recibe así la in-comunicación y la falta de afecto vivo de las otras generaciones, que por infecciones, lesiones o traumatismos culturales niegan en forma sistemática todo saber previo.

Esas generaciones, en plena ausencia de valores por los antepasados, crecen germinando omnipotencias crónicas. Olvidando, en su juventud, su vejez. Circunstancia inevitable.

El resultado es la negación-omisión a la palabra fecunda del consejo. Para el joven, la muerte del entorno. La gloria autónoma hija de las soberbias más individuales manifestadas a cada metro recorrido de nuestra vida. Inconcientemente diciéndonos “nunca seré viejo”.

De esta forma no es extraño toparse hoy con una juventud que en un porcentaje muy elevado, es profesionalmente estupida y concientemente omnipotente.

No quiero incluir dentro de este profesionalismo a los jóvenes argentinos olvidados por el sistema y su propio pueblo.

Excluyo a los millones de jovencitos que no han sido alimentados en sus primeros años de vida, lográndose de esta manera un daño cerebral, que se deriva en un daño Intelectual irreversible.
Incluyo decididamente a aquellos que han tenido todas las oportunidades, todos los alimentos, todo el abrigo, y que hoy son parte de esta infección cultural.
Esta aclaración me parece pertinente ya que, siempre por estos pagos, por esta Argentina que es de todos pero a la vez es de nadie, siempre, pero siempre, condenamos al desafortunado y perdonamos al “educado”.

Volvamos a lo nuestro, hemos hecho con el tiempo, descrédito de la experiencia. Anhelamos la sabiduría y la claridad, pero cuando se nos caen dos pelos de la cabeza, la vida parece volverse ominosa.

El problema (nuestro) es cultural. Quizás sea occidente quien debe reformular al menos un poquito lo que han hecho con el “Concepto de muerte y de Ancianidad”.

Quizás sea occidente quien deba volcar sus ojos a oriente. Y aquí no pretendo sembrar postura de simple asimilación de lo de enfrente, sino mas bien, un leve cotejar de lo que hemos hecho tanto aquí como allá, con nuestro tiempo, nuestra vejez, nuestra muerte.
Quizás tomar al menos lo mínimo: el Concepto Básico: “La muerte es simplemente un proceso de cambio”.

Quizás sea momento ya de renunciar al formateo Académico de nuestras escuelas y comenzar a revisar los valores.
Quizás sea momento de poner los ojos ya ni siquiera en el lejano oriente y aceptar la impecable sabiduría de nuestros pueblos aborígenes y abandonar el berretín criollo que nos llevo a donde hoy…
Quizás sea momento de saber que esos pueblos, donde hoy sus más ancianos son paseados por sus calles principales en plena veneración de sus habitantes que les envidia sanamente sus experiencias; se nos han adelantado, con sus eternos años de historia, trascendiendo y superando la escueta mirada que defendemos con tesón de nuestro mundo moderno

Quizás sea momento de comenzar a conocer y leer lo que ignoramos.
Quizás sea momento de comenzar a ver con diferentes ojos al otro. Llamado prójimo.

Simplemente pensaba en esto, ya que ayer, atrapado por nuestra cultura, pude ver la culminación de una profunda discusión de nieto y abuelo, en donde el menor, daba fin al debate y a modo de sentencia enunciaba “que podrás saber vos viejo choto …”.

Me regalo y le regalo, a mis 26 años, estas palabras a mi generación…

keke

miércoles 3 de marzo de 2010

El brillo del impacto.

Lo primero que sentí, fue temor. Quizás por creerme egoísta.
En la sucesión de estos últimos días, Chile sucumbe a la estampida de un terremoto. A la tragedia.
Presto oído y corazón a la novedad, no puedo dejar de pensar en nosotros.
Tan extraño me resulta esa piedad generalizada.
Profunda.
Todo un país (el nuestro) en una conmoción tan verdadera, como mezquina.
Las embajadas comienzan a llenarse de alimentos.
Los noticieros adulan la tragedia en pos de la conservación de un par de ojos mas que elijan su oferta.
Que es la misma.
En todos los canales.
Lo mismo.
Los líderes Eclesiásticos proponen interminables cadenas de oracion para nuestros vecinos.
Las fuerzas armadas ponen a disposición los chuscos aviones que nos quedan.
La cruz roja parte a tierras trasandinas.
La Presidente regala hipócritas condolencias a los hermanos chilenos.
La gente se sensibiliza hasta el más puro de sus extremos.

Yo simplemente pienso.
Quizás tampoco es piedad.
Quizás sea simplemente el brillo de impacto.
El fervoroso movimiento unidireccional que provoca la tragedia.
El altruismo mediocre parido por la insistencia de una TV,
Que monótona,
No puede parar de mostrar la tragedia.
Todo esto, nuevamente,
El brillo del impacto,
El brillo del impacto.

Sigo pensando.
Aquí, quizás mis egoísmos.

Entiendo, también añoro,
Que al menos,
Esa miserable piedad,
Ese estado de conmoción compartido,
Ese afán de ayudar,
Ese leve apenamiento,
Esa angustia social/sutil
Que en este caso,
Depositamos en nuestros hermanos chilenos
Vuelva aquí,
Que no se vaya,
Que mire,
Día a día,
A nuestros despojados.

Pero aquí no hay brillo del impacto.
Poco a poco, y como realidad aceptada, la pobreza se naturaliza.
Entonces una nena que llora hambre en un subte,
No provoca la amargura que provoca
Ver barrios y edificios partidos por el viento.

Sigo pensando.
300 muertos aproximados en Chile.

Sigo pensando.
En nuestro país.
8 niños mueren de hambre por día.
2920 chicos muertos al año.

Aunque no me guste realizar ni la mas elemental,
Hoy, mi reflexión se ata a una cuenta.

En nuestro país, sufrimos 10 terremotos por año.
La única diferencia sustancial,
Es que aquí,
No hay edificios cayendo en nuestras cabezas.
No hay brillo del impacto.
No hay brillo del impacto.

Algún día miraremos a la pobreza con esos ojos que reclamo.
Algún día quizás demos cuenta que el problema esta en casa.
Algún día miraremos esas pobres almas con ese brillo del impacto.

Ese día será tarde.
Hoy ya es tarde.