Capitulo I
No pretendo hablar aquí de la parte del calendario que le corresponde a Virgo, tampoco de escuetos horóscopos, solo por preguntarme siempre ¿Cómo se hace para vivir creyendo que el destino tiene doce posibilidades?
En fin, pasemos a lo nuestro, mas bien, a lo mío.
El tema hoy es la virginidad y siguiendo la misma lógica, mas bien, la mía.
Recuerdo cuanta perturbación me había provocado querer perderla, hecho sustancial e inevitable para todo ejemplar de la especie humana que transite el proceso biológico y emocional de la edad del pavo.
Se había forjado en mi mente un concepto sobre ella.
La perdida de la virginidad seria recibir aquel estatuto tan deseado, el de hombre. El de completud.
Pasado el tiempo entre la formación de este concepto y la concreción de la perdida pude notar ciertas cosas que por efectos consecuentes me hicieron reformular el concepto de virginidad.
Capitulo II
Recuerdo la mañana siguiente al suceso. Me levante. Pise diferente. Infle mi pecho y fui con aires de canchero hasta las intimidades de mi baño.
Me mire en el espejo. Creí no ver al mismo pibe de la mañana precedente. Ya no era el mismo. “El yo era otro”.
Capitulo III
La mañana se continuaba y la hora de almuerzo había llegado.
Recuerdo haberme sentando en la mesa aquella vez con un semblante diferente al de todos mis almuerzos.
Lo miraba a mi hermano, al que de una vez por todas había igualado. Mi pensamiento expresaba lo siguiente: Jejejej ¿Qué tul?
El me miro fijo y me dijo; pásame la sal.
Lo miraba a mi padre, al que de una vez por todas había igualado. Mi pensamiento expresaba lo siguiente: Je jeje, ¿Y? ¿Qué me conturci?
El miro fijo y me dijo; ¿me pasas la soda Quequito?
La miraba a mi madre, a la que de una vez por todas pude decirle con mi mente, ya no soy tu bebe.
Ella me miro y me dijo: ¿Por qué no comes Ezequiel?
Mi hermana ya no estaba en la mesa. Ella siempre terminaba primero por aquellos tiempos. Ganando así el derecho no solo al control remoto, si no también al sofá en el aquel momento televisivo; inolvidable; pos almuerzo; en el que recuerdo a toda mi familia junta.
Así paso el almuerzo.
Luego decidí salir a caminar, a festejar en una soledad dulcificante mi preciado triunfo.
Entonces creí también que ese mundo que camine en aquella siesta apasionada de los pueblos, también me miraba diferente.
Así paso la siesta.
Así pasaron algunos días con esta sensación a cuestas.
Pero el tiempo siguió sucediendo y entonces comencé a darme cuenta.
Los accidentes en mi bicicleta me dejaban los mismos raspones que en tiempos antaños al suceso.
Las caras me miraban como siempre. Nada había cambiado
Mis poemas seguían siendo tristes.
Las mujeres seguían siendo esa rara mezcla de atracción y miedo que en tantas ocasiones nos generan. El miedo seguía a pesar de todo.
Mis padres siguieron aconsejándome con respecto a muchísimas cosas. Los escuchaba atentamente. Seguía aprendiendo.
Yo seguía siendo un niño para mis padres y mi mundo. Aunque el suceso, por cierto tiempo, mi hizo vivir creyéndome hombre.
Capitulo IV.
El futbol siguió siendo la diversión.
Mis padres el refugio.
La escuela la educación.
Los amigos mi razón,
El amor, lo que no se entiende,
El mundo, siguió siendo mundo,
A pesar de mi…
Capitulo V
Comencé a dudar. A pensar. Nuevamente a reformular.
Yo conservaba todas mis confusiones precedentes al suceso.
Todavía no era libre.
No había circularidad. No estaba completo.
Entonces había llegado el día determinado.
Entonces nuevamente acepte mi virginidad.
No acepte creerme hombre solo por haber conocido las fauces de capuchones Fisiológicos.
La virginidad estaba en mi mente.
En mi alma.
En mi entendimiento.
En mi intelecto.
Capitulo VI
Entonces yo me puse el ideal de hombre.
Me jure no creerme tal solo por concreción Biológica.
Aun debía aprender mucho.
Perder la virginidad de mi mente.
Hoy todavía trato de perderla.
Cultivándome…
Cultivándome…

