jueves 28 de enero de 2010

Lola. Natalia. Y una misma esquina...


Lola…
Comienza el día. Abandona su cómoda cama. Hoy pisa diferente. Esta nerviosa.
Llega a su cocina. La porcelana recibe la tibia leche de su próximo café. Una tostada es el bocado. Comienza a recorrer con sus ojos un papel que relata puntos inolvidables de una miserable materia. En ella, pequeñas definiciones que todavía no recuerda ya parecen volverse inmemoriales.
Abandona su departamento del centro. Ya esta en camino. Esta apurada. Esta atrasada. Toma un taxi. A la UBA por favor. Ya esta en los pasillos. Alumnos dormidos germinan a cada metro. La tensión es exagerada. Todos hablan. Todos se preguntan. Repasan. Se preguntan. Se miden. Se comparan.
Ha llegado su turno. La mesa comienza. Ella esta insegura. Como siempre. Su profesor juega con sus nervios. Las preguntas se suceden. Algunas se responden. Otras no. La mesa pasa. Ella deberá volver a repasar.
Abandona el aula. Comienza a fomentar angustia. Habla con sus pares. ¿Que te pregunto? ¡No! ¿Eso? Si, es un forro.
Abandona la facultad. Ahora toma un colectivo. Apoya su cabeza en el vidrio. Piensa en su padre. Piensa en el dinero que se gasta para sostenerla en ciudad capital estudiando. Cree no ser fiel a su padre. Piensa en su futuro. Es diciembre. Concluye que este hecho no le da derecho a sus habituales vacaciones en la costa.
Abandona el colectivo. La angustia crece. El mundo se la cae. No triunfa en sus estudios. Solo necesita llegar. Descansar su mente mandando el cuerpo a sus sabanas destendidas de la mañana. Entra a un quiosco. Cigarrillos. Una gaseosa Light. Un yogurt. Masitas para las chicas que vendrán a consolarla en la tarde.
Abandona el quiosco. Camina unos metros. Solo faltan pasos para llegar al calorcito del hogar.
Ahora esta en la esquina. Luz roja. La espera le molesta. Una niña toma suavemente su pollera.
Lola baja la vista y escucha.
- tene moneda o algo para comer-.
- no, no tengo nada.


Ambas abandonan la esquina…

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Cristina…
Tiene la misma edad que Lola.
Comienza el día. Abandona la parte de la cama que tímida y culposamente comparte con sus cuatro hijos. Hoy pisa como siempre. Frío, húmedo, barro del comedor.
Toma una caja de fósforos. Enciende el calentador que esta a su lado. El jarro se comparte. Cuatro vueltas de mate cocido. Hoy no hay bocado. No ha sobrado pan. Ha sido la cena de la noche anterior.
Comienza a recorrer con sus ojos el patio de su ranchito. Todo esta preparado. El carro. Su caballo. Los chicos ya se han vestido. Bien dispuestos. Juegan el rato que les queda antes de partir. Cristina vuelve a mirar su patio. En él, puede ver pequeños sueños que todavía recuerda y son inalcanzables.
Abandona su rancho del arrabal. Ya esta en camino. No hay apuro. No hay destino.
Toma la avenida. Derecho al centro. Allí espera el buen cartón. La ciudad esta nerviosa. La insultan porque estorba con su carro en una doble fila de carro y contenedor. Sus hijos se ríen. Juegan arriba del carro. En el tacho anterior. Han ganado una muñeca que conservaran con fervorosa protección. La mañana continua rabiosa. La avenida comienza a terminar. La mañana también. El sol esta bien arriba.
Deciden parar en cualquier esquina. Es mediodía. Todavía no hay almuerzo.
Cristina y los niños se sientan en el cordón. Esperan quien sabe que. Natalia, su hija menor, esta a su lado. No puede escapar a la fascinación de su nueva muñeca. Tiene hambre. Pero no se angustia. Es feliz. Tiene hambre.

De pronto la ve. Natalia cruza alocadamente la avenida. Se para por detrás. Se prende de su pollera.
Natalia levanta la vista y dice:
- tene moneda o algo para comer-
- no, no tengo nada.


Ambas abandonan la esquina…

miércoles 27 de enero de 2010

Nueva Temporada. El Llano en Llantas...

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Publicado por keke