Por decirlo de alguna manera, siempre lo sufrí del mismo lado del mostrador. El lado del cliente. Era frecuente, al menos en mi pueblo, que en lo concerniente al rebaño de Bicicleteros, Remenderos de Electrodomésticos, Mecánicos y algunos oficios mas, y nombro tales oficios ya que son los que mas han fatigado mi calma, los plazos hayan sido algo que sin duda nunca aprenderían a manejar.
Cierto es que los tiempos en aquellos micro-universos pueblerinos son otros y en muchas ocasiones el apuro suena casi a mala palabra. Pero en otras ocasiones, mis apuros, a causa de esto, fueron traumas.
Vayamos a un caso concreto. Recuerdo, a mis no más de ocho años haber ido unas ocho veces al encuentro de mi bicicletero solo con la pretensión de que realice un simple cambio de piñón a mi rodado. En todas las ocasiones, la excusa y la frase eran la misma. La oración de la impunidad
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Contexto. Ya adentro de la bicicleteria.
Personajes A) Yo. B) El Bicicletero. Quien en ese momento apoya el centro de humanidad en un banquito de madera, pequeño, siempre muy pequeño. C) Su mujer. Quien siempre le mantiene un mate bien cebado, mientras en paralelo le saca de la muela a su hijito el cuarto Gomin que masticó en la mañana.
Bicicletero – que hace pibe, ¿vos venís por la bici no?
Yo - aja
Bicicletero - che, sabe una cosita, ¿podrá creer que todavía no me llego el viajante? Pero yo te diría que para la semana que viene te la tengo lista si o si.
Yo – listo. Paso la semana que viene.
Me retiro. Pensando. ¿Qué carajo tendrá que ver el viajante? Es un piñón. Nada más. Continúo caminando. Entregado.
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“No me llego el viajante”. Esta es la frase relevante. Frase que a uno lo ponía, no se porque, en una situación donde la queja quedaba sin efecto y la responsabilidad del contratado para el arreglo de nuestro objeto quedaba en una especie de impunidad para nuestras respectivas imputaciones. De ese modo se generaba una situación compleja
Es decir, la frase tercerizaba el problema inmediatamente. Generaba un mensaje entre líneas y un vaciamiento para el destino de mi queja. Es decir, se me decía que el incumplimiento era culpa de ese viajante que nunca llegaba. Es decir, el mensaje entre líneas se entendía – que querés que haga si el viajante no me trajo los repuestos-.
De este modo uno podía ir a buscar 50 veces su automóvil al taller, 233 veces el control remoto al cual simplemente no le andaba un botón (generalmente el de encendido) o simplemente mi bicicleta, que en mi caso, creo que durmió mas noches en la bicicleteria que en mi casa.
Pertinente es recalcar que dicha frase según cuentan habitantes de mi pueblo, sigue en perfecta vigencia y su táctica posterior sigue generando impecables resultados.
También se sostiene que su expansión ha sido notoria y ha saltado a todos los ámbitos. Ante la falta de compromiso, ahí nomás, a boca de jarro, se le atribuye la culpa al viajante, quien generalmente, por una segunda investigación que supe realizar, siempre llega cuando tiene que llegar.
Solo el viajante traerá la solución.
Solo el viajante traerá la solución.
Keke
PD Ayer pensaba en esto a raíz de lo que en los últimos años viene pasando en ese pueblo que habité, y que volveré habitar. Hay otra frase que es bien conocida por todos, y a menudo, sabemos escuchar. Ayer alguien me la repetía. Ella es – la verdad que colón es un paraíso para vivir-.
Bueno, en ese paraíso, de 40 por 40 cuadras hay:
Un barrio absolutamente carente (villa). O sea, injusticia social. Otro barrio absolutamente carente (villa). O sea, injusticia social. Robos. O sea, delincuencia. Asaltos a comercios. O sea, delincuencia. Vandalismo en sus calles. O sea delincuencia. Violencia juvenil. O sea, violencia. Contaminación de carácter grave en los dos arroyos que marcan los limites de dicho pueblo. O sea, falta de responsabilidad gubernamental y social. Contaminación de su tan querido Rió Uruguay. O sea, falta de responsabilidad gubernamental y social. Drogas. O sea, enfermedad en la juventud. Un cuerpo de policía impecablemente ineficiente. O sea, debilidad institucional. Contaminación en los sectores rurales debido a la ausencia de políticas para el cultivo de tierras. O sea, contaminación. Basurales en cuanto pedazo de yuyo queda sin alambrado tanto en la ciudad como en la zona Rural actuando como foco de contaminación. O sea, otra vez contaminación. Juicios por corrupción a sus gobernantes. O sea, crisis humana.
Estamos igual que una gran ciudad. Pero no lo olvidemos, seguimos siendo un pueblo.
Preferimos quedarnos ciegos, con intención, buscamos nuestra propia impunidad.
¿Estaremos creyendo que sera el viajante, quien lo va a solucionar?