martes 8 de diciembre de 2009

Un fenómeno masivo.

Capitulo primero.
Los días previos describen un murmullo, en este caso, mecánico. El ruido sucio de los fierros en acción anticipa la contienda. Cierto tinte pintoresco aportan. Cierto tinte peligroso también. La gente poco a poco comienza a ser parte del ritual. En los días previos, ya se pueden ver algunos individuos recorriendo el mismo destino de los participantes. Juegan a ser ellos tomando prestada la pista. Se gastan en picadas desaforadas toda la suerte que por el momento, los mantiene vivos. Llega el día indicado. Los participantes llegan. El evento es un hecho. Los autos están listos. La carrera ha de comenzar. El rally esta en el pueblo. El fenómeno, con mucha fuerza, comienza a florecer. Finalmente el día pasa. La carrera también. Pero algo surge. Algo nuevo. Algo que tardara unas veinte horas aproximadas en morir. Un fenómeno psicológico, puro, tonto y masivo. Una sensación de virtuosismo generalizada.
Cuando la distribución de la gente apelotonada en el circuito comienza a desplazarse en sentido a su destino de regreso, observo con detenimiento, comienzo a ver la encarnación del fenómeno. Los mas jóvenes, los que han concurrido en automóviles o motocicletas sufren una especie de Mutación Civil en cuanto a sus aptitudes y responsabilidades sociales concernientes al correcto manejo de un vehiculo. Los otros, los que vamos a pata, escapamos al fenómeno por simple circunstancia.
En un primer momento se genera una especie de embotellamiento a la salida del predio en donde se realizó la carrera. Embotellamiento lógico. Muchos son los autos que intentan salir. Entonces, mientras lo intentan, oprimen el acelerador dos veces seguidas, luego realizan un pequeño intervalo de unos diez segundos para volver a oprimir el acelerador groseramente, nuevamente dos veces seguidas, provocando esas aceleradas tan conocidas, Rannnnnnnnnnnnnnnnnn, Rannnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn, que por consecuencia del fenómeno mencionado, es reproducido por casi todo el rebaño asistente a la carrera. La situación es compleja. El ruido aturde no solo a nuestros tímpanos. Aturde la calma. La mente. Todos siguen acelerando rabiosamente sus autos, pero con un detalle, ninguno supera los 5km por hora, ya que la descongestión no suele producirse fácilmente. La melodía es disonante. La postal es infantil. La viejitas no se escuchan entre ellas. Algunos muy chiquitos lloran asustados.

Capitulo segundo.
En una segunda etapa. Estamos ya a horas de terminado el Rally. Estamos en la ciudad. Cada uno en lo suyo. Vuelteando o tomando algo por ahí. El rally suele realizarse los fines de semana. Por ende, casi todos estamos dispersos al aire libre.
Supongamos que esta usted en la costa. Aproximadamente en una frecuencia de uno por cada veinte minutos transcurridos (lo cual es mucho), vera usted algún automóvil que viene, como diría mi abuela “a los santos pedos” corriendo su propio rally. Fuerte, desprolijo, ostentando una habilidad que a simple golpe vista vemos que no tiene.
Dentro de la gama de esta segunda carrera que implícitamente se declara en la ciudad, usted podrá ver desde un R12 muy flojo de aros, hasta un Audi A3 compitiendo entre si.
Una de las consecuencias del fenómeno es la implacable Fe al fierro propio.
Entonces la ciudad se Transforma en algo raro. Una especie de guiso a base de los siguientes ingredientes:
A) Una carrera de autos que ya es parte del pasado, pero mucha gente aun no lo entiende.
B) transeúntes que pasean tranquilamente su domingo.
C) Un rebaño de pseudos pilotos corriendo un rally en medio de la modorra humana de un fin de semana.
D) Una pizca de muerte dando vuelta entre todos nosotros.
E) Y una mezcla de Paz e histeria mecánica dignas de ser observadas.

Capitulo tercero.
En la tercera y última etapa, ya estamos en la noche. Un poco más relajados. Por suerte también bañados, desprovistos de toda esa tierra que nos dejo por un lado la carrera y por otro sus consecuencias, el fenómeno.
Un último síntoma a describir es el siguiente. Si a usted la noche lo encuentra en una confitería céntrica, vera que luego de una carrera, es mucho más frecuente esa nueva manera de saludar que parecen a haber encontrado hoy las personas.
Uno de los saludantes, el que esta en el auto, atravesando en línea paralela a la mesa donde esta su conocido, en lugar de levantar la mano y saludarlo como cualquier hijo de vecinos, aprieta, hunde, y hasta deposita su alma en el acelerador provocando un Rannnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn continuo y de unos tres o cuatros segundos. Situación harto desagradable y molesta. Nadie la comparte a excepción de los que se saludan. En algunos casos, tampoco es compartida por el saludante de la mesa. Pero ojo, el saludante del automóvil, podemos ver, es feliz, esta pleno, derrama orgullo por ese rugido por su motor generado. Se siente un campeón, único, diferente.
Quizás sea eso lo único que sanamente les envidio, esa tremenda dosis de felicidad que les produce, simplemente el hecho de hacer ruido con un motor.
Finalmente el fenómeno comienza a morir, solo restaran algunas picadas en la noche en la zona costera. Solo restara que algo externo los proteja. Solo quedara que algo externo nos proteja.
Ese es el fenómeno mentado. Ciertamente extraño. Histérico. Difuso. Una carrera que se genera luego de otra carrera. Pero la segunda es de otra naturaleza. No hay reglas. No hay categorías. No hay circuito. Todos corren. Todos somos parte. Porque todos estamos en la ciudad. Porque no hay forma de escapar a ese circuito. Porque siempre será así. La segunda carrera nunca tiene ganadores. Nunca vemos su gloria publicada en los periódicos.

La segunda carrera solo tiene perdedores, y cuando sabemos de ellos, damos cuenta de lo mucho que han perdido.



Keke

4 comentarios:

Anónimo dijo...

buenisimo




Ramiro Zanini

Anónimo dijo...

"Siempre fiel a tus escritos. Esta vez no es la excepcion. Tampoco lo es la de la calidad del escrito. Muy bueno vecino. Un abrazo"

Nico Silva

el guille dijo...

hola keke, esto me hace recordar cuando niño q veia las peli de karate kid, debo confesar q hasta queria apagar la tele de una patada, o los bicivoladores!!! los de golpes q me he dado tratando de hacer algo con mi bici, pero bueno es un fenomeno psicologico o pura boludez???
saludos
guille

Anónimo dijo...

Ayy Keke me hiciste reir! los que producen el fenomeno, se creen que son Araceli Gonzalez en " Carola Casini" jajaja.
Me dio risa porque hace muchos años atras hubo un encuentro de motoqueros en El Piedras Coloradas, y con Lina teniamos una especie de kisco. Y entre los motoqueros aparecian todos los de Colón que tenían moto, los de Villa Elisa, San José y las colonias que los rodean. Entonces veias un motoka super lookeado, con campera de cuero, tachas, pelo largo, una moto terrible, y al lado un pibito de cachetes colorados en una Zanella, haciendo nada, RUIDO.
Y los que saludan haciendo ruido con el acelerador son los mas graciosos! PESIMOS
Saludos
Rocio Alvarez