viernes 2 de octubre de 2009

Recordándolo.

El 12 de marzo de 1930, Gandhi emprende la conocida como “Marcha de la Sal” con vistas a arrancar la independencia de la India al Imperio Británico.

En años anteriores, el Mahatma había multiplicado las manifestaciones no violentas y las huelgas de hambre y así obtener para el Imperio de las Indias un estatuto de autonomía análogo al concedido a las colonias de población europea como Canadá y Australia.

Al no conseguir resultados, ciertos miembros de su partido, el Partido del Congreso Nacional Indio se impacientan y amenazan con desencadenar una guerra a favor de la independencia.

Gandhi, para no ser desbordado, advierte al virrey de la India que su próxima campaña de desobediencia civil tendrá como objetivo la independencia. Así pues deja su áshram de los alrededores de Ahmedabad, al noroeste del país, acompañado de algunas decenas de discípulos y de un séquito de periodistas.

Después de un recorrido a pie de 300 kilómetros, llega el 6 de abril de 1930 a la costa del Océano Índico. Avanza dentro del agua y recoge en sus manos un poco de sal. Por este gesto irrisorio y altamente simbólico, Gandhi alienta a sus compatriotas a violar el monopolio del estado sobre la distribución de sal. Este monopolio obliga a todos los consumidores indios, incluidos los más pobres, a pagar un impuesto sobre la sal y les prohíbe recolectarla ellos mismos. Es análogo a la gabela que, bajo el Antiguo Régimen gravaba la sal en Francia.

En la playa, la multitud, nutrida de varios miles de simpatizantes, imita al Mahatma y recoge agua salada en recipientes. Su ejemplo es seguido por todo el país. De Karachi a Bombay los Indios evaporan el agua y recogen la sal a plena luz del día, desafiando a los británicos. Estos últimos llenan sus cárceles con 60.000 ladrones de sal indios.

Los indios, fieles a las recomendaciones de Gandhi, no se resisten. El mismo Mahatma es detenido y pasa nueve meses en prisión. Finalmente, el virrey reconoce su impotencia para imponer la ley británica. Cediendo a las peticiones de Gandhi, libera a todos los prisioneros y reconoce a los indios el derecho a recolectar ellos mismos la sal.

Desacertado por aquel entonces en la oposición parlamentaria, Winston Churchill ironiza sobre el “fakir sedicioso que sube medio desnudo las escaleras del palacio del virrey.”

El Mahatma es recibido triunfalmente en Londres por los liberales británicos que aceptan una próxima independencia de la India. Ésta será aplazada por la Segunda Guerra Mundial y las disensiones entre hindúes y musulmanes. El 15 de agosto de 1947, el Imperio de las Indias se convertirá por fin en independiente pero al precio de una salvaje guerra religiosa y de la separación de India y Pakistán. En el contexto de este conflicto, Gandhi perderá la vida el 30 de enero de 1948, víctima de un fanático derechista hindú.

La Marcha de la sal supone para los hindúes el equivalente al motín del té en Boston que condujo a los Estados Unidos a la independencia.

A lo largo de la marcha, Gandhi y sus seguidores entonan a modo de himno el mantra Raghupati.



juanadearte.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

GRANDE EL FLACO!!!!!!!!!ç

Chabela Cuesta

guille dijo...

Hola querida gente, quiero participarles un comentario a éste canal binario de texto. Quiero hacer una crítica constructiva como dicen los políticamente correctos, mi crítica tiene sólo una intención morfológica o de cosmética para esta página.

Me parece que el fondo de color oscuro y con gráficos dificulta la lectura del texto principal y ésto que en un principio parece baladí es realmente importante para la predisposición del lector ya que el texto más interesante puede volverse torturante hasta para el lector más avesado.

Como ustedes saben, porque son de esos lectores, la transformación digital ha aportado una gran ayuda como canal de comunicación, transferencia de datos y todo eso pero también transformó una cuestión importante en el modo de ver, de ver literalmente los objetos.
Mientras que en nuestra experiencia analógica nosotros vemos con luz reflejada, la síntesis sustractiva del color (CMYK), en las pantallas vemos con luz emitida y su correspondiente síntesis aditiva del color (RGB). Lo que sucede en este caso de las pantallas es que particularmente la lectura de texto se dificulta por su naturaleza de luz emitida, seguramente que al ojo le resulta más invasiva esa luz que la reflejada.

¿Como podríamos solucionar esto?
Yo aconsejaría, y en esto también hay una cuestión empírica, prueba y error, poner un fondo blanco o claro y texto negro u oscuro, el contraste es siempre importante. Tratar de evitar los dibujos de fondo, sinó hacerlos en un todo lo menos contrastado con el fondo, por ejemplo si ponen el fondo blanco que los dibujos sean un gris muy, muy claro para que no compitan con la lectura del texto, que sean realmente de fondo.

Otra cosa que sucede cuando hay mucho texto para leer y se utiliza el fondo oscuro sobre el texto blanco es que todo el fondo parece invadir a la tipografía como que lo oscuro avanza sobre el color blanco que tiene menos superficie.

A mí particularmente me gusta el fondo blanco con texto negro para este caso ya que también podríamos atribuirlo a una pertinencia en el sentido de emular al clásico libro de papel que mayormente se hizo con fondo blanco y texto negro.

Espero todo esto haya sido un aporte y no una molestia para ustedes haber tenido que leer tanta pavada toda junta, y aparte yo no soy de escribir, así que esto ha sido para mí un doble esfuerzo, pero lo hago por ustedes amigos que tienen la constancia de volcar toda s sus búsquedas en este hermoso blog con un recurso tan noble como es la palabra.

Los quiero mucho y les deseo todo el éxito que no llega sinó con trabajo y responsabilidad.

Un abrazo fuerte, Guille.

Disculpen la prosa, espero que Feinmann no lea esto.